jueves, 19 de enero de 2012

INFANCIA MISIONERA

El obispo Forbin-Janson fue el iniciador de lo que más tarde se conocería como la Obra Pontificia de la Infancia Misionera. Pero su nacimiento fue muy sencillo. Él quiso incorporar a los niños en el compromiso misionero promovido por Paulina Jaricot años antes, en Lyon, con los adultos.



El buen obispo, seducido por el compromiso misionero de Paulina Jaricot y urgido por las necesidades de evangelización en el continente asiático, miró a los niños y les propuso un reto: “Podéis ayudarme a salvar a los niños de China. Vosotros y yo, siendo niños como ellos, podemos lograr este objetivo”. “¿Cómo podemos hacerlo?”, le preguntaron. “Rezando un avemaría cada noche y ofreciendo por ellos una limosna”. Así de sencillo. De este modo, con el lema “Los niños ayudan a los niños”, comenzó la singladura de lo que, en sus primeros tiempos, se llamaría la Santa Infancia. Más tarde, el Papa Pío XI la asumiría como Obra Pontificia (3 de mayo de 1922). [+ sobre Infancia Misionera y sus orígenes]

De esta forma tan fácil, los niños se convierten en “pequeños misioneros”, como le gustaba decir al beato Juan Pablo II. Ellos son los protagonistas, no por concesión de los mayores, sino por ellos mismos. Esta es la razón honda y la propuesta educativa de Infancia Misionera: dar al niño el protagonismo que le corresponde por su propia identidad. Y esta integra la dimensión misionera por razón de su bautismo. El niño es en sí mismo lo que Dios quiere que seamos, sin ningún otro artificio o adherencias. Por eso Jesús afirma: “Quien no se hace como un niño no entrará en el reino de los cielos”. El niño escucha, contempla, pregunta, da... con amor. Ama y basta.

Así es el niño de Infancia Misionera. Reza con amor y entrega su ofrenda, fruto de esa oración. Lo importante no es la cantidad, sino el amor que acompaña esa donación. Así se descubre que la salvación del mundo no vendrá de la cantidad de dinero de las ofrendas, sino del amor con que estas se hacen. Así lo reconoce Benedicto XVI, cuando, en la fiesta de la Epifanía del año 2007, decía que “los niños de la ‘Santa Infancia’ son valiosos colaboradores del Evangelio y apóstoles de la solidaridad cristiana con los más necesitados”. Y concluía con una propuesta: “Aliento a los educadores a cultivar en los niños el espíritu misionero, para que surjan entre ellos misioneros apasionados, testigos de la ternuras de Dios y anunciadores de su amor”.

Información obtenida de: Obras Misionales Pontificias http://www.omp.es/index.html

Juego interactivo (para vuestros hermanos mayores):

Para Saber más sobre la Infancia Misionera: 

No hay comentarios:

Publicar un comentario